lunes, 29 de marzo de 2010

De dinosaurios, mamíferos y piedras de la suerte.



Un inmenso asteroide que impactó en la península de Yucatán, en México, hace 65 millones de años venía a gran velocidad decidido a determinar quien vivía y quien no. Explosiones equivalentes a 100 millones de megatoneladas de TNT, un tsunami, un terremoto gigantesco y como si esto fuera poco nubes oscuras de polvo, que se dispersaron por todo el cielo del Planeta Tierra y cubrieron el sol, arrasaron con el 90% de las especies que lo poblaban, incluidos los dinosaurios. Algunas especies, que luego darían orígenes a los mamíferos, pudieron acomodarse a las nuevas reglas de juego y pasaron a reinar el planeta. Durante cientos de años habían tenido que lidiar con gigantescos dinosaurios, vivir bajo tierra, adaptarse a regiones frías e inhóspitas y lograr hábitos nocturnos para poder subsistir. La gran piedra de la suerte proveniente del espacio instauró un nuevo mundo helado y oscuro. Nada nuevo para los sufridos ancestros de los actuales mamíferos.

martes, 16 de marzo de 2010

El apagón de las larvas de peces cebra



Los seres humanos por estas latitudes, no en pocas ocasiones, están condenados en épocas de verano a pasar noches tórridas y oscuras debido a una excesiva demanda de energía eléctrica. Pero según los científicos, un tanto peor la pasa una larva de pez cebra. En procura de un ahorro de energía debe desactivar su visión nocturna.

John E. Dowling lideró un grupo de científicos del departamento de biología molecular y celular de la universidad norteamericana de Harvard. Los investigadores, gracias a un trabajo publicado en marzo en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences, detectaron por medio de estudios llamados electroretinogramas la presencia de significativas caídas nocturnas en la actividad eléctrica de la retina de las larvas.

En los vertebrados, la visión es un proceso comandado por verdaderos transductores, llamados fotorreceptores, encargados de convertir señales lumínicas en eléctricas. Se alojan en la retina y se denominan conos y bastones. No funcionan gratis, para su puesta en marcha requieren de interesantes cantidades de energía.

Por ello la visión nocturna es un lujo que las larvas por el momento no pueden darse. Según los científicos, a los 5 días de vida la mayor parte de la energía, que por otra parte no abunda, se emplea para el propio desarrollo. De acuerdo a estudios anteriores, coincide en que la noche parece ser un periodo de gran inactividad para ellas. En la espera de un nuevo día permanecen entonces largo tiempo inmóviles y en una profunda oscuridad.

domingo, 14 de marzo de 2010

Un fueguito, la historia de César Milstein